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CRISTINISMO POR CONVENIENCIA, VERDAD O SUPOSICIÓN

Por Pastor Evelio Cruz*

 

“… Entonces el Señor preguntó a Satanás: ¿Te has fijado en mi siervo Job? Es el mejor hombre en toda la tierra; es un hombre intachable y de absoluta integridad. Tiene temor de Dios y se mantiene apartado del mal. Satanás le respondió al Señor: Sí, pero Job tiene una buena razón para temer a Dios: siempre has puesto un muro de retención alrededor de él, de su casa y de sus propiedades. Has hecho prosperar todo lo que hace. ¡Mira lo rico que es! Así que extiende tu mano y quítale todo lo que tiene, ¡ten por seguro que te maldecirá en tu propia cara!” (Job 1:8-11 NTV)

La Biblia afirma que Satanás es padre de mentira y una de sus especialidades es la calumnia, que no es otra cosa sino, acusar falsamente con la intención maliciosa de ocasionar daño. A diferencia de Dios “que escudriña lo más profundo del corazón” (Proverbios 20:27), y “que discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” a través de Su Palabra (Hebreos 4:12); Satanás, el enemigo, oponente o adversario, no tiene la capacidad de leer la mente y conocer los pensamientos ni las intenciones del corazón humano. Al único ser, al que la Biblia le atribuye esa facultad, es Dios: “Porque sólo tú conoces el corazón de todos los hijos de los hombres” (1 Reyes 8:39).

Al acusar a Job de hipócrita y de temer a Dios por conveniencia, el adversario no lo hacía porque conociera realmente las intenciones del corazón del siervo de Dios, en realidad estaba suponiendo y acusando falsamente al personaje. Aquí hay dos cosas: La afirmación divina que califica a Job como un “varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal” (Job 1:8) Y la declaración de Satanás en la que supone que Job teme a Dios por conveniencia egoísta. ¿Quién de los dos tenía la verdad sobre el siervo Job?

Si Dios conocía muy bien a Job, y el patriarca le había demostrado su rectitud, su temor y su vida piadosa: ¿Por qué Dios accedió a la sugerencia perversa y tendenciosa del adversario?

En primera instancia, Dios permitió la prueba para demostrar la calidad de siervo que era Job. El Señor tenía un buen concepto de él, pero el adversario quería una evidencia, una demostración incuestionable del por qué la actitud reverente de aquel rico hacendado. Para él, Job no era más que un servil que adulaba a la divinidad por las cosas que había recibido y por la protección que le prodigaba. Había pues, que taparle la boca al diablo y hacerle comer sus palabras falsas y perjuras.

Y con ese fin, el Señor le permitió que tocara sus bienes, su familia y su salud.

Y es en este punto en el que Job queda “en el tubo de ensayo” para probar su integridad o su hipocresía. Ahora todo dependía de él, de sus raíces en la fe, convicciones, carácter, solidez y perseverancia. Había que desvirtuar la tesis perversa y la suposición malvada del enemigo.

En segunda instancia, Dios permitió la prueba para demostrarle a Satanás cuán equivocado está respecto a juzgar las acciones humanas sin conocer las intenciones detrás de ellas. Todo lo que el hombre hace tiene motivos o intenciones, lo que le vemos hacer sólo es el reflejo de esos impulsos internos que escapan de la vista ordinaria. El enemigo tiene la vista corta y no alcanza a descifrar lo que hay en el corazón y la mente humana, por eso supone.

Lo que Satanás hizo a Job, lo puede hacer a cualquier creyente, porque odia y menosprecia a toda la humanidad. El asume que todos los hijos de Dios son serviles y que si Él les quitara su protección y privara de todo lo que tienen, le maldecirían y se apartarían de sus caminos. Es lamentable decirlo, pero en muchos casos la suposición del diablo es cierta.

Hoy en día, en las congregaciones, muchos creyentes cuya relación con Dios gira en torno a motivos egoístas y a intereses personales, al preguntarles por qué son cristianos, las respuestas comunes son: Por que Dios me ama, porque aquí en la iglesia el Señor cambió a mi esposo, el Señor me quitó el vicio del alcohol, porque soy mejor padre, o porque Dios me ha bendecido con cosas materiales. Eso es cierto, Dios bendice, transforma, prospera, protege y hace mejores personas. ¿Pero qué si llegara a faltar algo de eso? ¿Maldecirían a Dios? ¿Lo abandonarían? ¿Renegaría de la fe? ¿Se irían de la iglesia? Y eso es lo que ha pasado con no muy pocas personas.

Pero también hay muchos cristianos cuyas vidas fueron sometidas a pruebas realmente difíciles y duras. En su momento, sus convicciones fueron sacudidas como con una estremecida, parecida a la de un terremoto de ocho grados; y aunque tambalearon, se angustiaron, sufrieron y perdieron algo, no desistieron, ni abandonaron su fe. Son el tipo de cristiano al que se refiere Santiago, en su capítulo 1:12 “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman”.

Un tipo de cristiano así, honra a Dios. De él se siente orgulloso, lo pone como referente y satisface sus expectativas. El hombre de nuestra historia perdió todo a causa del calumniador, éste logró despojarlo de sus ganados, hijos, bienes, esposa, salud, comodidad y de su estima; pero no pudo arrebatarle sus principios, sus convicciones, su fe, su integridad y su carácter de hombre de Dios. Con esta actitud, Job propinó una paliza al enemigo y le desbarató su argumento abusivo y calumnioso. Demostró que las personas pueden temer a Dios por las razones y motivos correctos, transparentes y sinceros; y que no necesariamente se le ama y sirve por razones egoístas. También enseña que las circunstancias de la vida pueden cambiar, porque a la verdad en la vida todo cambia; pero la devoción, el amor y respeto a Dios debe mantenerse inalterable. Ilustra su historia además, que puede faltar todo lo elemental y básico para la vida, pero que nunca falte tu fe en Dios. El personaje plantea este punto con estas palabras: “He aquí, aunque él me matare, en él esperaré;” (Job 13:15)

Hermano Dios te está observando y cree en ti. Ha dispuesto todas las herramientas necesarias para que seas buen cristiano y para que desempeñes eficazmente la tarea que te ha encomendado. Satanás querrá probarte y quitarte aquello que te hace feliz y realizado, digo esto porque esa es su intención y no descansará hasta dañarte de alguna manera.

Imagino que a esta fecha, tú sabes de lo que estás hecho, tienes bien afirmadas tus convicciones, arraigada tu fe, y puestos los ojos en el autor y consumador de la fe. A esta altura, sabes cómo reaccionarías ante la adversidad, San Pablo dijo: “Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia, en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad” (Filipenses 4:12)

Repite la historia de Job, y propínale una bofetada al diablo engañador; demuéstrale que eres cristiano a prueba de todo, con la ayuda de Dios y que “Todo lo puedes en Cristo que te fortalece”. Filipenses 4:13. Sé anuente con tu fe y tus principios y no con tu conveniencia y deleites. Abraza la fe como el tesoro más importante de tu vida y en las pruebas que te sobrevengan, no la sueltes, no la entregues, no la vendas. Proverbios 23:23. Seguramente oirás voces que te instiguen a que renuncies, como la que oyó Job, de labios de su mujer: “¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete” (Job 2:9). Pero tú, haz lo que dice Apocalipsis 3:11: “Retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona”.

Demuestra que tú eres cristiano de convicción y no de conveniencia; que estás decidido a honrar a Dios en todo tiempo, bajo toda circunstancia y en medio de toda prueba. Créeme, con tu actitud derrotarás al acusador de los hermanos, ese que los acusa delante de Dios, día y noche. Apocalipsis 12:10. Que la gracia de Dios esté contigo.

 

 

 

 

 
 

 

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