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LA INTERTEXTUALIDAD BÍBLICA - LITERARIA

Por Lic. Vladimir Orellana Cárcamo*

vladiore@gmail.com

 

En más de alguna ocasión, al leer una obra literaria o de carácter científico, habrá identificado cierta resonancia o alusión a otra obra que usted ya había leído con anterioridad. En mi caso particular, eso me sucedió cuando leí por primera vez el Popol Vuh, considerado el libro sagrado de los mayas-quichés. Advertí ciertas semejanzas de la primera parte de ese volumen, con algunos acontecimientos que aparecen en el preámbulo del Génesis de la Biblia, sobre todo en lo relativo a la creación de la tierra y el hombre.

Y así sucesivamente, en mi proceso lector, he constatado la presencia de elementos bíblicos en grandes obras de la literatura universal. Pues bien, esa relación, en cuanto a contenido de un texto sobre otro, de diferente autor, recibe el nombre de intertextualidad. Dicho vocablo está formado por el prefijo inter que significa: “reciprocidad, interconexión, entrecruzamiento”, y la palabra textualidad que denota el conjunto de propiedades por las que se distingue una producción textual. En ese sentido, intertextualidad implica interacción de textos.

Bengoechea (1997) define la intertextualidad “como la relación de un texto con otros que le preceden. Lo que viene a significar que la interpretación del texto depende del conocimiento que se tenga de otros textos. La intertextualidad activa en el lector su conocimiento general, que tiene almacenado en su memoria”. Con base en la afirmación anterior, la intertextualidad consiste en examinar, analizar los vínculos que un texto o producción literaria contemporánea o anterior sostiene con otro o más textos. Es pertinente aclarar que el texto base, es decir el que precede a la obra que retoma de él ciertos elementos de tipo semántico o de contenido, recibe el nombre de hipertexto. En cambio la obra posterior que recibe la influencia se le denomina hipotexto.

I. Antecedentes de los estudios intertextuales

Los orígenes de lo que hoy en día se conoce como intertextualidad deben buscarse en la obra del filósofo del lenguaje y crítico literario ruso Mijaíl Bajtín (1895-1975), quien durante la década de los años 30 del S. XX, publicó una serie de trabajos sobre teoría literaria, los cuales en Europa occidental fueron conocidos hasta años después de su aparición. En dichos estudios reflexiona sobre el carácter dialógico que mantiene todo discurso textual. Según Bajtín, un buen escritor ha sido antes receptor o lector de otros muchos textos, que tiene en su memoria, y los activa en el momento de producir su obra.

De tal forma que una persona al escribir un libro, en muchas ocasiones se basa o retoma elementos de obras anteriores. Por eso el filósofo ruso sostiene que en una obra literaria determinada, no sólo se deja oír la voz de su creador, sino que también resuenan voces de otros autores. Bajtín denominó intersubjetividad a este proceso de entrecruzamiento de textos.

Cabe señalar que fue Julia Kristeva (1941---) prestigiosa teórica literaria de origen húngara radicada en Francia, quien en 1969 acuñó el término intertextualidad. Kristeva difundió en el ámbito intelectual francés los aportes de Bajtín. Incluso, ella se basó en el autor ruso, para llegar a reafirmar que “todo texto se construye como mosaico de citas, todo texto es absorción y transformación de otro texto (Kristeva, 1978). Además otro estudioso que ha brindado aportes al campo de la intertextualidad es el crítico literario francés Michael Riffaterre (1924-2006). Este autor sostiene que la actividad intertextual no sólo es producto de la disposición de un escritor, sino que también juega un rol importantísimo el lector. Por lo tanto, concibe la intertextualidad como: “la percepción, por el lector, de las relaciones entre una obra y otra que le ha precedido o seguido” (Genette, 1989).

Es necesario señalar que la intertextualidad no sólo tiene presencia en obras de carácter literario, sino que se perciben con mayor fuerza en libros de naturaleza científica. Pues en esa clase de literatura, los autores deben demostrar el aporte de los estudios anteriores a través de la cita o referencia de los mismos. A través de esa conexión se propicia la comprensión por parte de los lectores.

Resulta pertinente agregar que entre las principales formas, a través de las cuales se lleva a cabo la intertextualidad, destacan: la cita y la alusión. La primera consiste en repetir de modo directo un número determinado de palabras textuales. Puede ir acompañada de ciertas frases o marcadores que introducen las ideas citadas de otro autor. Jesús de Nazaret, en reiteradas ocasiones, empleó citas textuales de los libros del Antiguo Testamento para fundamentar sus enseñanzas. Dichas referencias son introducidas por la frase “Escrito está”. Veamos el siguiente ejemplo: “El Respondió y dijo: “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4). La anterior declaración, Jesús la retoma del libro de Deuteronomio 8:3. En obras de índole académico y literario, un escritor para citar palabras consignadas en libros de otro autor, se emplean los siguientes registros: “Tal como lo expresó el filósofo y matemático Blas Pascal: “El corazón tiene razones que ni aun la misma razón las entiende”.

Por su parte, la alusión es un recurso que se utiliza para referir textos conocidos, constituye una manera de dar a entender apelando a conocimientos previos de los receptores de una obra determinada. La alusión debe cumplir por lo menos con las siguientes dos características: 1) Que el autor de una obra tenga la intención de aludir a un texto anterior. 2) Que la alusión pueda ser percibida o identificada por el lector, es decir, que el receptor de una obra recuerde el sentido original del texto base (puede ser antiguo o contemporáneo) y sepa integrarlo en el nuevo contexto a fin de comprender el contenido del documento que lee.

Lo anterior me recuerda que hace años leí una interesante composición titulada “El padre pródigo” de autor anónimo. Al inicio de la lectura caí en la cuenta que dicha narración era una actualizada versión de: “La Parábola del Hijo pródigo” registrada en el evangelio de Lucas 15: 11-32. Lo particular que advertí en la historia del padre pródigo, son los papeles que se invierten: no es el hijo quien abandona la casa paterna, sino el padre quien se va del hogar abandonando a sus hijos a fin de hacer fortuna en un país lejano. Con el paso de los días el hombre al verse abandonado decide retornar al hogar, solicitando el perdón a sus vástagos.

II. Voces bíblicas que resuenan en la literatura universal

Muchos autores de la literatura universal han abrevado su sed de creatividad en los manantiales bíblicos. Siguiendo la perspectiva de Bajtín, han proseguido en una actitud dialógica con el Libro de los libros. Presentamos a continuación una serie de ejemplos de obras literarias que guardan estrecha relación con algunas escenas de las Sagradas Escrituras. Entre los autores que han tomado como hipertexto (es decir como obra base la Biblia) destacan poetas, narradores y dramaturgos de distintas épocas y latitudes.

Comenzaremos con un poeta lírico castellano del S. XV d.C, se trata de Jorge Manrique (1440-1479), prestigioso hombre de armas y de letras. Manrique perteneció a una de las familias nobles de España, por ello recibió una rica formación humanística. Se le conoce en el mundo literario por su obra: Coplas por la muerte de su padre. Se trata de una conmovedora elegía, en la cual el autor, con un profundo sentido filosófico-poético, se lamenta por el fallecimiento de su progenitor. Además, Jorge Manrique reflexiona sobre la fugacidad de la vida y la infructuosidad que provocan los afanes materiales. El poeta español adopta una visión cristiana para tratar el tópico de la muerte. En su poema el escritor no incorpora citas bíblicas, sino que incorpora alusiones del Libro sagrado.

Léase la siguiente estrofa:

Este mundo bueno fue

si bien usásemos de él,

como debemos, porque,

según nuestra fe,

es para ganar

aquél que atendemos.

Y aun el hijo de Dios

para subirnos al cielo,

descendió

a nacer acá entre nos,

y a vivir en este suelo

do murió.

En el anterior fragmento advertimos dos alusiones bíblicas, la primera tiene que ver con Isaías 9:6 que profetisa el nacimiento de Jesús de linaje humano, y con San Mateo 1: 20-21 donde el ángel le anuncia a José que María, su prometida, dará a luz un hijo quien salvará al mundo de sus pecados.

En otra parte, en su copla, Manrique medita sobre lo efímero de la existencia humana, con lo cual hace referencia al contenido del Salmo 39: 4, y del Salmo 90: 5. Lo anterior se percibe en la siguiente estrofa.

Pero digo que acompañen

y lleguen hasta la huesa *

con su dueño;

por eso no nos engañen,

pues se va la vida apriesa

como sueño;

y los deleites de acá

son, en que nos deleitamos,

temporales.

(*sepultura)

Asimismo, el poeta alude en sus versos a la voluntad divina del Creador sobre el término de los días del ser humano en este mundo. Intuimos que Jorge Manrique, conocía la proclama divina plasmada en Deuteronomio 32:39; y 1º Samuel 2:6. Es por eso que el autor español llega a cantar con la siguiente resignación cristiana:

Y consiento en mi morir

con voluntad placentera,

clara y pura,

que querer hombre vivir

cuando Dios quiere que muera,

es locura.

El poeta Manrique, concluye su obra poética con una oración, en la cual reconoce que Cristo abandonó su gloria y tomó forma de siervo para morir como cordero por los pecados del género humano.

Tú, que a tu divinidad

juntaste cosa tan vil

como es el hombre;

Tú, que tan grandes tormentos

sufriste sin resistencia

en tu persona,

no por mis merecimientos,

mas por tu sola clemencia

me perdonas.

La anterior estrofa tiene como base o trasfondo Isaías 53: 3-5, y Romanos 5:10.

Por otra parte, nos referiremos a John Wolfgang Goethe (1749-1832) célebre poeta, dramaturgo y narrador alemán. Una de sus obras más famosas es: Fausto (1808) pieza teatral de contenido romántico, donde se presenta la pugna crucial entre el bien y el mal. En esta pieza dramática, el escritor mantiene una asombrosa intertextualidad con algunos pasajes de las Sagradas Escrituras. Es así como al inicio de la obra antes señalada, el autor le incorpora una ambientación de escena similar al espacio o lugar que nos narra el primer capítulo del Libro de Job, en el cual miembros de la corte divina, y entre ellos, aunque parezca extraño, Satanás se presentan ante Jehová.

Goethe de manera genial hace una alusión al coloquio que sostiene el Todopoderoso con el diablo, en el cual el Altísimo le pregunta si no se ha fijado en el honesto proceder de Job, su siervo fiel. A lo cual el maligno le responde a Dios que la fidelidad de Job no es gratuita, pues goza de bienestar y protección divina (Léase Job 1: 6-11). No obstante, en el diálogo entre Dios y Mefistófeles (nombre que se le adjudicó al demonio en la cultura germana durante la Edad Media), el Altísimo le hace saber al tentador que Fausto a pesar de ser un buscador insaciable de la verdad acerca del mundo, la naturaleza y el cielo, le sirve a Él en medio de su intranquilidad filosófica y científica. Asimismo le hace saber a su interlocutor, que a Fausto lo premiará muy pronto revelándole los misterios de la vida. Apreciemos la intertextualidad que realiza Goethe de la escena bíblica que aparece en el volumen de Job.

EL SEÑOR.--¿Conoces a Fausto?

MEFISTÓFELES.--¿El doctor?

EL SEÑOR.—Mi siervo.

MEFISTÓFELES.--¡Singular manera de serviros, a fe? No son terrenales la comida ni la bebida de ese insensato…pide al cielo sus más hermosas estrellas y a la tierra cada uno de sus goces más sublimes; y ninguna cosa, próxima ni lejana, basta a satisfacer su corazón profundamente agitado.

EL SEÑOR.—Aunque ahora me sirve sólo en medio de su turbación , presto le guiaré a la claridad. Bien sabe el hortelano, cuando verdea el arbolillo, que la flor y el fruto serán su adorno en años venideros.

MEFISTÓFELES.-- ¿Qué apostáis? Aun le perderéis si me dais licencia para conducirle poco a poco a mi camino. (Goethe, 1974, pág. 8)

Por otro lado, Goethe al inicio de la primera parte del drama, presenta a su protagonista el doctor Fausto, como a un hombre de ciencias que ha envejecido estudiando mucho para obtener conocimiento y sabiduría, sin embargo carece de felicidad. Y retoma el espíritu de escepticismo que brota de los labios del autor que escribió las profundas reflexiones contenidas al principio del libro de Eclesiastés 1:16-18. El poeta hace hablar a Fausto con un tono similar de insatisfacción y tristeza al del enunciador bíblico. Presentamos el siguiente ejemplo del desencantador monólogo que emite Fausto.

FAUSTO.—Con ardiente afán ¡ay! Estudié a fondo la filosofía, jurisprudencia, medicina y también, por mi mal, la teología; y heme aquí ahora, pobre loco, tan sabio como antes. Me titulan maestro, me titulan hasta doctor…Verdad que soy más entendido que todos esos estultos, doctores, maestros, escritorzuelos y clérigos de misa y olla; no me atormentan escrúpulos ni dudas, no temo al infierno ni al diablo…pero a trueque de eso, me ha sido arrebatada toda clase de goces. (Goethe, 1974, pág. 9). Resulta interesante constatar que un escritor romántico, de pensamiento liberal haya leído la Biblia, y extraído de ella tópicos y motivaciones para escribir su obra literaria.

Para finalizar nos referiremos a la célebre novela: La cabaña del tío Tom (1852) escrita por la poeta y narradora estadounidense Harriet Beecher Stowe (1811-1896). En dicha obra proliferan alusiones bíblicas, como también fragmentos textuales de las Sagradas Escrituras. Beecher Stowe desde su niñez tuvo un acercamiento a la Biblia, debido a la formación cristiana que le brindó su padre Lymann Beecher, destacado profesor de teología y ministro protestante. La novela antes referida, aborda como tema central la crueldad que padecieron los esclavos negros en los Estados Unidos a inicios del S. XIX.

El protagonista del relato, “el tío Tom”, es un esclavo de color, que sufre con paciencia cristiana los vejámenes de sus amos; también en la novela se narran los intentos de fuga de algunos esclavos negros que arriesgan su vida por liberar a sus hijos de las garras de la servidumbre. Entre esos personajes destaca Eliza, una joven madre, quien al darse cuenta que su pequeño hijo será vendido por su actual amo Mr. Shelby, a un inescrupuloso comprador de esclavos negros, planea escapar. Y es así como Eliza y su esposo George, huyen de la casa de su amo. En su ruta de escape rumbo a Canadá, reciben el apoyo de Simeón, un bondadoso anciano cuáquero. Este al escuchar los lamentos de George, quien se queja de la injusticia humana, e incluso llega a dudar del auxilio divino en favor de los oprimidos. Ante dicho escepticismo, Simeón consuela a los fugitivos proveyéndoles de albergue, y a la vez los reanima con la lectura del Salmo 73. Léase el siguiente ejemplo:

--Amigo George—dijo Simeón desde la cocina--, escucha este salmo y te servirá de consuelo. George arrimó su silla a la puerta, y Eliza, enjugando sus lágrimas, se acercó también para oír, mientras Simeón leía: “Mis pies por poco no se conmovieron, por poco no resbalaron mis pasos. Porque me llené de celo sobre los inicuos, viendo la paz de los pecadores …No se ven en el trabajo de los hombres , ni con los demás hombres serán azotados…. (Beecher, 1975, pág. 144). El fragmento anterior constituye un ejemplo de cita bíblica, con la cual la escritora le concede un espacio a uno de los poetas del Antiguo Testamento para que con su canto irradie de esperanza a los angustiados personajes de su novela.

Sin embargo, también hay alusiones sobre contenidos de la Biblia en otras partes de su obra La cabaña del tío Tom. Así por ejemplo, en el capítulo IV, Beecher Stowe nos narra el ambiente de fraternidad que reina en la humilde vivienda del tío Tom, quien a pesar de ser un esclavo, experimenta una auténtica libertad espiritual. La autora relata que en una oportunidad, mientras se celebraba una reunión cristiana en la choza de Tom, una anciana toma la palabra para dirigirse a los congregados de la manera siguiente:

--Hijos míos: he sentido una gran satisfacción en haberos visto y oído otra vez. No sé cuándo partiré para la gloria; pero se acerca este instante, y le estoy aguardando como la que con el lío de su ropa en el hombro y el sombrero en la cabeza aguarda la diligencia que ha de conducirla a su patria…Procurad también vivir siempre preparados; pues yo os lo digo …es maravillosamente hermosa nuestra patria, sí, maravillosamente hermosa.

Y la buena vieja volvió a sentarse sofocada por la emoción, inundadas las mejillas de lágrimas, mientras toda la asamblea entonó un cántico …terminado el himno, cediendo George a la súplica general, leyó los últimos capítulos del Apocalipsis en medio de las siguientes exclamaciones del auditorio:

--¡Es posible!

--Cuando piensa uno en eso…

--¡Y todo sucederá!

(Beecher, 1975, págs. 20-21)

En el fragmento anterior, se hace alusión a la Nueva Jerusalén, la ciudad engalanada de “oro puro”, y que además está protegida con muros, cuyos cimientos están adornados con piedras preciosas. En ese lugar no hay necesidad del sol ni de la luna, pues la gloria de Dios la llena de fulgor (Apocalipsis 21: 18-23). Es la acogedora “patria celestial” a la que irán a descansar los fieles creyentes en Cristo Jesús, después de su lucha y peregrinaje por este mundo.

Por razones de espacio, me limitaré a referir sólo los anteriores casos de intertextualidad que mantiene la Biblia con destacadas obras de la literatura universal. Aún quedan otras creaciones de índole narrativo, poético y dramático que representan una muestra de la rica interrelación que guardan los libros producidos por escritores y poetas con el sagrado Libro de Dios, cuyo contenido aún sigue transformado el curso de la historia.

 

Bibliografía consultada:

.Bengoechea, Bartolomé, M. y Sola buil, R. J. (1997): Intertextuality / intertextualidad. Alcalá de Henares, Servicio de Publicaciones Universidad de Alcalá.

.Kristeva, J., Semiótica, Madrid: Fundamentos, 1978, 190: el libro incluye un artículo publicado en el año 67, aunque escrito un año antes, sobre los aportes de M. Bajtín, p.p. 438-465.

.Riffaterre, Michael., «La trace de l’intertexte», La Pensée 215 (octobre 1980) 4-18, aquí p. 4. Traducción al español tomada de GENETTE, G., Palimpsestos: la literatura en segundo grado, Madrid: Taurus, 1989.

.Santa Biblia, versión Reina-Valera 1960.

.Manrique, Jorge. Coplas a la muerte de su padre y otras poesías.Editores Mexicanos Unidos, S.A, México D.F, 1983.

.Goethe, John Wolfgang. Fausto. Editorial Porrúa, S.A, México, DF, 1974.

.Beecher Stowe, Harriet. La cabaña del tío Tom. Editorial Porrúa, S.A, México, DF, 1975.

*El autor es catedrático del Departamento de Letras de la Universidad de El Salvador. Escribe poesía, ensayo y teatro. Ha publicado: “Jesús en nuestro diario caminar”

 

 

 

 

 
 

 

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